Si, desde el embarazo, el organismo del bebé recibe anticuerpos de enfermedades o vacunas a las que ya estuvo expuesta la mamá.
Esta protección natural permanece en el cuerpo del bebé durante el primer año de crecimiento y lo ayuda a enfrentarse a todo tipo de virus, parásitos, hongos y contaminantes.
Dado que durante esta etapa el sistema inmune de los más pequeños se está desarrollando, los niños y niñas son más vulnerables a tener infecciones.